• El analgésico de venta sin prescripción médica más antiguo y barato es la aspirina (ácido acetilsalicílico). La aspirina y otros fármacos antiinflamatorios no esteroideos bloquean la enzima cicloxigenasa, que es crucial para la creación de prostaglandinas. Las prostaglandinas son sustancias similares a las hormonas que alteran el diámetro de los vasos sanguíneos, elevan la temperatura corporal como respuesta a la infección y desempeñan un papel crucial en la coagulación de la sangre, además de otros efectos. La liberación en el organismo de prostaglandinas como respuesta a una lesión (quemadura, rotura, torcedura o distensión muscular) produce inflamación, enrojecimiento e hinchazón.
• Dado que las prostaglandinas desempeñan un papel protector del aparato digestivo contra el ácido gástrico, tomar aspirina o un fármaco similar puede causar trastornos gastrointestinales, úlceras y hemorragias. Todos los fármacos antiinflamatorios no esteroideos, incluyendo la aspirina, pueden causar acidez, indigestión y úlceras pépticas.
• La aspirina puede también agravar el asma. Los pacientes que sufren de pólipos nasales son propensos a desarrollar asma si toman aspirina. La alergia a la aspirina puede producir erupciones cutáneas o dificultades graves en la respiración. En dosis altas, la aspirina puede causar zumbidos en los oídos.
• Los niños y adolescentes que tienen o pueden tener gripe o varicela no deben tomar aspirina porque pueden desarrollar el síndrome de Reye. A pesar de ser poco frecuente, el síndrome de Reye puede tener graves consecuencias, incluso la muerte.
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